¿Por qué hablar de residuos en los talleres?
Los talleres de reparación de vehículos son uno de los sectores que más variedad de residuos generan en su día a día. Hablar de residuos permite fomentar la reutilización y el reciclaje, convirtiendo los residuos en recursos.
Aceites, filtros de aceite, baterías de plomo , líquidos de frenos… la lista es larga y, si no se gestionan correctamente, pueden tener un impacto importante para el medio ambiente y para la salud de los trabajadores.
Existe una parte positiva que muchos talleres desconocen: con una gestión correcta de los residuos, el coste puede ser prácticamente cero. Residuos como el aceite mineral usado, las baterías de plomo, el hierro o el aluminio son materiales valorizables que suponen un retorno económico, compensando en gran medida el coste de gestionar el resto.
- ¿Qué tipo de taller eres?
No todos los talleres generan los mismos residuos. La diferencia principal está en si el taller se dedica solo a mecánica o si también realiza trabajos de chapa y pintura. Los talleres con sección de carrocería y pintura añaden residuos específicos que requieren una gestión diferenciada.
- Principales residuos generados
Residuos comunes a todos los talleres mecánicos
Aceite mineral usado, Filtros de aceite, Líquido de frenos, Anticongelante usado, Aerosoles vacíos, Baterías de plomo, Absorbentes y trapos contaminados, Envases metálicos y plásticos contaminados, Residuos con hidrocarburos , Chatarra metálica, Neumáticos usados
Residuos adicionales en talleres con chapa y pintura
Restos de pintura y barniz, Disolventes usados, Filtros de cabina de pintura, Polvo de lijado o decapado.
- Almacenamiento: las reglas del juego
El almacenamiento correcto de los residuos es una de las obligaciones más importantes. Estas son las claves:
Residuos peligrosos: plazo máximo de almacenamiento de 6 meses desde su generación.
Residuos no peligrosos: hasta 2 años si van destinados a valorización, o 1 año si van a ser eliminados.
Deben almacenarse bajo cubierta, en zona con suelo impermeable y, preferiblemente, con cubeto de retención para evitar derrames.
Cada envase debe estar correctamente etiquetado con el tipo de residuo y la fecha de inicio de almacenamiento.
Está prohibido mezclar residuos peligrosos entre sí o con residuos no peligrosos.
- Envases habituales
Bidón de 60 litros: para líquidos en menor cantidad (anticongelante, líquido de frenos, disolventes).
Bidón de 220 litros: para filtros de aceite, absorbentes, trapos y envases contaminados.
Big Bag homologado (1 m³): para residuos peligrosos voluminosos como restos de pintura, filtros de cabina o envases contaminados.
Contenedores específicos: para baterías usadas y chatarra.
- Normativa aplicable: lo que debes cumplir
La normativa principal es la Ley 7/2022, de 8 de abril, de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular. Estas son las obligaciones clave:
Número NIMA: todo taller debe disponer de un Número de Identificación Medio Ambiental. Es como el DNI medioambiental de tu negocio.
Archivo cronológico: registro detallado de todos los residuos gestionados, tanto peligrosos como no peligrosos. Debe incluir cantidad, tipo y destino del residuo.
Contrato de tratamiento con gestor autorizado: los residuos solo pueden entregarse a un gestor autorizado. En el contrato debe constar el tratamiento final de cada residuo y sirve para acreditar la trazabilidad de los residuos.
Declaración de envases: obligatoria para los talleres que generan residuos de envases, con fecha límite el 31 de marzo de cada año.
- Buenas prácticas para el día a día
Forma a tu equipo: la mejor medida preventiva es que todos los empleados sepan identificar y separar correctamente cada tipo de residuo.
Etiqueta desde el primer momento: no esperes a que el bidón esté lleno. Hazlo desde que empieza a llenarse e indica la fecha de inicio.
Separa siempre: nunca mezcles residuos peligrosos entre sí ni con no peligrosos. Además de ser ilegal, complica y encarece la gestión.
Controla los plazos: marca en un calendario las fechas para no exceder los 6 meses de almacenamiento máximo con residuos peligrosos.
Valora tus residuos: algunos como el aceite usado, las baterías de plomo o la chatarra tienen valor de mercado y pueden suponer un ingreso o coste cero en la gestión.
Opta por productos más sostenibles: cuando sea posible, elige lubricantes o productos de limpieza con menor impacto ambiental.
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